Viajar con niños, en cualquier época del año que sea, no es una tarea fácil. Sin embargo, a los papás les encanta pasar el máximo tiempo posible con sus hijos. Por ello, desde que la familia comienza a crecer, los pequeños pasan a ser los protagonistas a la hora de elegir destinos, rutas y actividades.

Elegir el destino. ¿A dónde vamos?

La primera duda a la hora de planificar las vacaciones con niños surge en torno al destino a elegir. En este sentido, existen muchas posibilidades para viajar con los pequeños, ya sean sitios de playa, de montaña o un viaje al extranjero.

Debes descartar aquellos destinos que pueden suponer un riesgo para su salud, como países con infraestructuras inseguras o sin agua potable. Aun así, siempre que se quiera viajar a un lugar y se tengan dudas sobre si es adecuado o no para el niño, es recomendable comentarlo con el pediatra.

Por lo que se refiere al lugar ideal, el mejor consejo es, siempre que sea posible, pasar un tiempo en el mar y otro en la montaña. Cada ambiente tiene unas características que pueden beneficiar de manera diferente a la salud psicofísica del niño.

Viajar con niños al mar

Tenga la edad que tenga el pequeño, el mar siempre es una buena opción gracias a la combinación de sol, olas y arena, a lo que hay que sumar el favorable clima marítimo, que está indicado para todos los niños. Este destino es perfecto para quienes padecen alergias, pues el aire que se respira cerca del mar tiene un alto nivel de humedad y no contiene ni polen ni polvo, perjudiciales para aquellos que sufren trastornos en las vías respiratorias.

La exposición al sol es beneficiosa para el crecimiento del niño, ya que sus rayos ayudan al organismo a producir vitamina D, que ayuda a fijar el calcio en los huesos. Las olas les ofrecen un atractivo especial, pues su vaivén les permite divertirse (siempre bajo la mirada de un adulto), especialmente si cuentan con tablas y colchonetas. Por último, ¿quién no ha jugado a hacer castillos de arena? Los diferentes juguetes creados para utilizar en la playa permitirán desarrollar la creatividad y dimensión espacial de los niños.

Viajar con niños a la montaña

La vegetación, la presencia de agua y las buenas temperaturas la convierten en un destino recomendado para toda la familia. Al igual que en la playa, el aire puro que se respira a partir de los 1500 metros de altitud, beneficia a los niños alérgicos al polen. Sin embargo, a partir de cotas superiores a los 2500 metros de altitud, quien no está acostumbrado puede sufrir trastornos en la visión y en el sueño, cansarse fácilmente y marearse.

Las rutas y senderos permitirán a los niños estar en contacto con la naturaleza a la vez que hacen ejercicio. Además, existen muchas actividades y juegos infantiles para realizar al aire libre que les permiten relacionarse con el entorno a la vez que se divierten: el pilla-pilla, el escondite, la búsqueda del tesoro, disfrutar de un picnic, etc.