Diariamente, 5.5 millones de usuarios transitan por las 12 líneas del Metro, llevando y trayendo aproximadamente 100 billones de células de microorganismos como bacterias, virus y hongos.

Estos agentes microscópicos están presentes en el aire, los asientos, las paredes, los barandales y en cualquier superficie, y, aunque, resulte aterrador, todo el tiempo convivimos en escenarios parecidos que, al exponernos a ellos, resultan benéficos a la salud.

En Ciudad de México, la microbiota de este sistema de transporte es estudiada por la gran afluencia que tiene, una cantidad casi similar a la del Metro de Nueva York, con la diferencia de que esa red consta de 436 kilómetros y 468 estaciones, mientras en la capital mexicana se tienen 226 kilómetros y 195 estaciones, lo que habla del sobrecupo que presenta, según la Agencia Informativa Conacyt.

En 2013 Christopher Mason, investigador de la Universidad Cornell, hizo un estudio para analizar la diversidad microbiológica del Metro de Nueva York, identificar potenciales amenazas biológicas y proporcionar datos que pudieran ser utilizados para el diseño de una ciudad inteligente en pos del urbanismo, la gestión y la salud humana.

Luego del análisis metagenómico de las muestras tomadas con hisopos en diversas superficies, encontró que casi la mitad del universo biológico que obtuvo (48 por ciento) se desconoce; el identificado corresponde a bacterias, virus, hongos y animales, de los cuales sólo 12 por ciento podría estar asociado a alguna enfermedad.

A partir de este trabajo surgió la inquietud de conocer la microbiota del Metro de las ciudades más grandes del mundo, por lo que se creó el consorcio MetaSUB, en el que participan grupos de investigación de 61 ciudades en los cinco continentes.

Por nuestro país colaboran Celia Alpuche Aranda y Jesús Martínez Barnetche, investigadores del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP), que en 2016 realizaron un proyecto piloto en cinco estaciones del Metro de Ciudad de México, recolectando muestras que fueron analizadas por secuenciación masiva en laboratorios de Nueva York.

En esta investigación preliminar se detectaron bacterias presentes en el microbioma humano, como seudomonas, bacilos, estafilococos y estreptococos, entre otras, que no representan riesgo para las personas con buena salud, aunque no así para las inmunodeprimidas.

La mayoría de lo que se ha encontrado en el Metro es lo que hay en el microbioma humano; no ha habido ninguna descripción de algo que pueda ser riesgoso. Se hallaron seudomonas, que son patógenos hospitalarios que infectan a personas que están inmunodeprimidas o que tienen una condición médica persistente. Estos agentes se encontraron ahí, de la misma manera en que se hallan en el súper o en nuestra casa, afirmó Jesús Martínez Barnetche.

El estudio preliminar –que sigue en busca de financiamiento para su realización formal– abona al planteamiento de que cada ciudad tiene un perfil de resistencia antimicrobiana particular que, en el caso de la de Ciudad de México, indicaría que la contaminación ambiental lo está modificando.

Motivados por el interés de revelar el microbioma del gran gusano naranja, científicos de la Universidad Autónoma Metropolitana, de la Universidad Nacional Autónoma de México y de la Universidad de la Ciudad de México estudian las bacterias presentes en este medio de transporte a través del análisis molecular por secuenciación de ácido desoxirribonucleico.

Este trabajo está encaminado a conocer el riesgo de estar en contacto con esa gran diversidad de bacterias, pero también los beneficios que pueden darnos porque muchos de esos viajeros microscópicos pueden contribuir a una buena digestión, a que se tenga mejor metabolismo o a regular procesos hormonales.